Age-Play: Sexo y Estado Peligroso en la Red Social | Jorge Ramiro Pérez

Age-Play: Sexo y Estado Peligroso en la Red Social

Ayer vi la película de David Fincher La Red Social, en una de las escenas el protagonista (que da mucho miedito pensar que es un personaje real) se emociona cuando crea el infame icono (¡Cuántas parejas han discutido/roto por esto!) “Relationship stauts” en el que el usuario puede indicar si está soltero, casado, divorciado, etc… Según los personajes, la gente utilizaría Facebook con el propósito de ligar y tal funcionalidad le dota de un inusitado pragmatismo.  

Pues bien, tal y como indica Freud el ser humano está movido por un impulso pansexual, buscando la continua satisfacción de sus instintos sexuales (Eros: sexo, vida, creación). Nuestra sociedad mediática y consumista está híper-sexualizada, anuncios de perfumes, de ropa interior, de champú, etc. Enfatizan sin ningún tipo de delicadeza la carne y la sensualidad Resulta normal que con la llegada de Internet y la consiguiente creación del cyborg, la mayoría de nuestros paradigmas psicosexuales se proyecten en la red de código infinito. Uno de mis directores favoritos, David Cronenberg, ya anunciaba esta fusión pútrida y desviada de carne/espíritu/medio en películas como Videodrome y eXistenZ.

Obviamente, la idea de utilizar internet con fines sexuales o románticos no es desviada o peligrosa en si misma. Existen redes sociales que actúan como agencias de parejas, u otras cuya única finalidad última es la de ligar.  El problema es cuando algunas conductas desviadas utilizan la red para mutar, flexibilizarse o expandirse… Viscosos tentáculos binarios .jpg, nacidos en los charcos vomitivos del cíber-Ello, que buscan atraparnos y acariciarnos de maneras lúbricas y obscenas…. No voy a entrar a comentar delitos como el Child Grooming y su innecesaria tipificación en el código penal español, pero si una fenomenología que puede generar un debate necesario: El Age-Play. Esta figura llegó a mi conocimiento cuando preparaba una clase de Key Issues in Criminology en la Universidad de Huddersifeld y generó un debate apasionante con mis estudiantes.

Second Life es un universo multi-media en el que el usuario puede crear su propio avatar 3D y sumergirse en una comunidad virtual. Allí puede vivir, comprar o construir su casa, tener huertos, hacer entrevistas de trabajo, pintar,  bailar, hablar con las mozas,  etc. Detrás de cada personaje hay una persona real que lo maneja, una vida que existe en el mundano mundo de la carne.  Se trata de toda una realidad virtual, no un juego, pues no hay una meta u objetivo concreto… Simplemente vivir otra vida.  Algunos usuarios adultos entran en esos mundos como niños, con avatares infantiles. Es la denominada práctica del Age-Play, mediante la cual el usuario puede redescubrir la infancia con fines terapéuticos y volver a ser un niño, un renacimiento que puede ser sanador para personas con infancias truncadas.  Sin embargo, otros usuarios (adultos todos ellos) pueden ofrecer esos avatares infantiles para ser prostituidos, tener relaciones sexuales con otros avatares infantiles, etc. En el reino Unido se planteó una polémica basada esencialmente en tesis de peligrosidad, pero debo volver a indicar que se trata de prácticas sexuales ficticias entre adultos y que los avatares son dibujos animados tridimensionales.

¿Se trata de una práctica peligrosa? Podría indicarse que estos juegos facilitan el acceso a redes de pornografía infantil ya que ponen en contacto a personas con las mismas pulsiones sexuales. También cabe decirse que pueden ir provocando una desensibilización o distanciamiento emocional  que culminaría con la búsqueda de sexo real con menores.  Pero cabe también la tesis de la “válvula de escape”, es decir, a través de la fantasía se satisface una necesidad que no podría llevarse a cabo en el mundo real.

La respuesta a esta incógnita no tiene fácil solución. Nos movemos en el terreno de lo mediático (del folk devil) y de la otrificación absoluta. No se trata de una Criminología (o un Derecho Penal) del hecho sino del riesgo o el Estado Peligroso. ¿Son peligrosas estas personas?, ¿Cometerán algún delito los jugadores?¿Pude, debe, el Derecho Penal y la Política Criminal entrar en el mundo de la fantasía sexual, por más aberrante que nos parezca?

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