Criminología Cyborg I: Sobre la destrucción, deconstrucción y reconstrucción del ser humano/máquina | Jorge Ramiro Pérez

Criminología Cyborg I: Sobre la destrucción, deconstrucción y reconstrucción del ser humano/máquina

Bienvenidos a una era de trascendencia y de sublime ontología. Somos un lugar entre alguna parte y el desierto de lo real. Sangramos código de las heridas matemáticas del alma,  petróleo sobre el océano de la infinitud nodal. Somos esquirlas de cristal, unas frente a otras; un haz de luz que brilla como la linterna de un teléfono móvil en este horizonte final. Manuel Casells menciona la sociedad red: aquella en la que la información es la esencia y la conectividad la forma. Un sistema integral e integrado que ansía la perpetuidad. Desde una metáfora bio-psico-social, Donna Haraway habla del cyborg: la ruptura definitiva entre las fronteras de lo biológico, lo mecánico, lo animal y lo artificial. ¿Acaso no hemos alcanzado u n nuevo estadio en la evolución humana? Seres de “selfie” y “emoji”, medio-máquina/código/red/sistema.

Las nuevas tecnologías han alcanzado un nivel de penetración simbólica tan intensa y continuada que, podría decirse, han redefinido lo que significa el ser humano. Redes sociales como Twitter e Instagram han sido capaces de generar y retroalimentar movimientos sociales y culturales (ej. #PaellaEmoji, #NoSomosDelito), así como crear una nueva especie de famosos cyborg cuya existencia solamente tiene sentido en estas redes. A modo de ejemplo, Dan Bilzerian o el matrimonio Yotta existen como vehículos digitales de un estilo de vida orgiástico y ostentoso protagonizado por piscinas, gimnasios, coches y mujeres marcando las aspiraciones de toda una generación que podría ansiar bañeras llenas de dólares (abro meta-narrativa: esto es literal, no metafórico). En nuestro país,  Jorge Cremades existe como estrella indiscutible del humor en redes sociales, presentando en algunos de sus vídeos una visión crítica y satírica del efecto de las tecnologías en la identidad colectiva (su visión de los usuarios cyborg de gimnasio me hace reír cada vez que la veo, tal vez al verme reflejado en muchos aspectos). Jorge Cremades, Dan Bilzerian o los Yotta son grandes ejemplos de lo que somos ahora: satélites y sistemas. Ontológicamente yuxtapuestos, somos mosaicos hechos con nosotros mismos como si hubiéramos construido un altar para un muñeco de trapo androide cosido con los retazos de nuestra vida diaria. Los tiempos hipermodernos de Lipovetsky expresados como una ecuación que convierte al ser humano en consumidor consumido. Catalogados, ordenados y redundantes, habitamos en miles de servidores, en la nube; somos vídeos de tres segundos, somos trozos de cuerpos descontextualizados, sonrisas en la playa, frases de grandes pensadores convertidas en motivación de carreras populares y marcas deportivas, somos rostros en discotecas, somos comida saludable, somos el “emoji” diablillo del WhatsApp que sonríe al pensar que hemos alcanzado la vida eterna (Esto hay que celebrarlo: dar palmas, sonrisa, “smiley” con gafas de sol y flamenca…).

Este ente cyborg tiene grandes ventajas como la posibilidad de estudiar a distancia, el medir nuestro rendimiento deportivo y cardiaco a través de pulseras o el estar en contacto con todos nuestros amigos, familiares y desconocidos sin importar la distancia. A mi parecer, en la balanza de los pros y los contras (no confundir con la de lo bueno y lo malo del año pasado, o la de las diez mejores y peores cosas sobre ti) ganamos como especie sin duda alguna. Conocimiento al alcance de todos, mejoras en salud, ciencia…. Una nueva concepción global y convergente de la humanidad. Sin embargo, se han producido algunos efectos y procesos disfuncionales o desadaptados como podría ser el cíber-delito, comportamientos patológicos y desviados, el narcisismo extremo, etc. A modo de metáfora trágica, “la muerte por selfie” refleja el sacrificio ontológico supremo. Morir por el selfie equivaldría a morir por el cyborg.  Convertirse en hombre/mujer/ente-máquina ha exigido un cambio de modelos, hábitos y paradigmas absoluto. Si la máquina ha de estar en nuestro cuerpo, corazón y mente nuestra actitud ha de ser reverente, oferente e incluyente.

Es por ello, que como criminólogo y estudioso del ciber-espacio clamo por un nuevo acercamiento al ciber-delito. No me gusta hablar de ciber-criminología, prefiero ofrecer el término “criminología cyborg”. Una nueva criminología cyborg es aquella que entiende el profundo impacto que han supuesto las nuevas tecnologías en nuestro continuum como especie y trata de acercarse a ellos desde diversas esferas: la sociológica, la antropológica, la psicológica, etc. En lugar de centrarse tanto, como se viene haciendo hasta ahora, en manifestaciones fenomenológicas y legales del ciber-delito. La criminología cyborg busca entender la desviación, la adicción, las disfunciones ciber-sexuales utilizando o diseñando teorías criminológicas de corte específico. La criminología cyborg entiende el delito como inherente a la fusión/conversión cyborg y trata de ayudar (como una techno-matrona desde las ciencias sociales) a comprender, prevenir y tratar todas aquellas cuestiones que afecten a nuestra nueva humanidad.  En próximas entradas me gustaría desarrollar este concepto en mayor profundidad, de momento dejemos que estas palabras floten en la laguna cibernética, que se unan al virus semiótico del lenguaje on-line y que viajen a través de vuestros teléfonos y pulseras fitness.

No tengan miedo, de algún modo u otro, ya hemos trascendido.

paella-emoji-02

#PaellaEmoji es un gran ejemplo de la interacción entre identidad cultural y redes sociales

 

1 Comentario | Leído 280 veces

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Una respuesta a “Criminología Cyborg I: Sobre la destrucción, deconstrucción y reconstrucción del ser humano/máquina”

  1. Buenas tardes Jorge. Muchas gracias por tu artículo. Me ha resultado muy interesante. Nosotros nos dedicamos al Derecho Penal tecnológico. Si quieres puedes ver algunos artículos que hemos publicado en nuestro blog (pelaezruizabogados.es/blog) en el que le damos un enfoque distinto pero creo que también instructivo.
    Buena tarde!

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